La sangre que colma el vaso

El nombre del Blog “La sangre que colma el vaso” tiene su origen en la expresión la gota que colma el vaso y sirve de metáfora para representar dos cosas.

Por un lado, si nos imaginamos un vaso en el que cae esa única gota de más, el líquido que hay dentro del recipiente se acaba esparciendo por la mesa. Ocurre algo parecido con la hemofilia. Cuando un hemofílico tiene una hemorragia, la sangre “se sale de su sitio” por la perforación de los vasos sanguíneos y “ensucia” la zona del cuerpo en la que se produce el trauma. Puede ocurrir en cualquier parte aunque se suele decir que las tres articulaciones diana son codos, rodillas y tobillos. Al llenarse de sangre una de estas zonas, lo que ocurre es que se hincha, produce dolor, la articulación se queda inmóvil y por ejemplo, en la piernas, se tiene dificultad para apoyar y llevar la marcha habitual. Es necesario el uso de férulas, antiguamente eran escayolas, muletas y a veces silla de ruedas si hay también una hemorragia en el codo. A la larga, si esta articulación vuelve a sangrar la estructura se va deformando y desgastando, y se acaba teniendo artrosis y sinovitis. Además, se fastidian los cartílagos, los tendones, todo ello, como decía antes, afectando al movimiento normal de las articulaciones.

Esto se debe a que carecemos de uno de los factores de coagulación, el VIII que es lo que produce Hemofilia A. La ausencia del factor IX concluye en Hemofilia B. Además, hay otro subtipo, que es el que yo padezco, llamado Hemofilia A grave con inhibidores.

Hay trece factores de coagulación que actúan en cascada y si alguno de ellos falla, como es el caso de la hemofilia, la sangre no puede coagularse ni pueden cerrarse los vasos.

No me quiero extender mucho en esta sección. Así que no te preocupes si no lo entiendes todo o te surgen preguntas ya que iré contando mucho sobre hemofilia a lo largo del blog.

La sangre que colma el vaso (1)

Por otro lado, la gota que colma el vaso, en el Diccionario de la Real Academia Española remite al significado de “ser lo que viene a colmar la medida de la paciencia”. En términos parecidos, el Diccionario de Uso del Español de María Moliner apunta el valor de “suceder algo que agota la paciencia de una persona”.

Cuando convives con una enfermedad crónica se pasan por situaciones muy estresantes que agotan tu paciencia y tienes la impresión de que ya no te quedan recursos para adaptarte a las dificultades que surgen. Te puedes llegar a sentir desbordado emocionalmente por la crisis esperadas que la enfermedad propone y también por las no esperadas que es cuando de repente los síntomas vuelven a la carga mientras pensabas que estaba todo bajo control. Esto, como decía anteriormente, te hace perder la paciencia así como también lo hace el enfado, el agotamiento, la tristeza, la pérdida de salud, la indefensión, el insomnio, el dolor crónico difícil de entender por los demás sobre todo cuando no es visible, el miedo, el desbarajuste familiar o de pareja que a veces trae el diagnóstico y la exacerbación de lo síntomas, el conflicto que se genera entre el significado que tú le das a tu enfermedad y el significado que los demás dan. Todo esto genera estrés y la percepción de falta de auto-apoyo y apoyo del entorno, es decir familiares, médicos, el hospital con su idiosincrasia, etc etc etc.

En mi opinión, esta parte de la vivencia con una enfermedad, necesita un lugar. Es normal perder la paciencia y sentir que ya no cabe nada más en el vaso. Acoger estas experiencias puede ser útil para llegar a la aceptación de uno mismo y de las circunstancias para intentar en la medida de los posible vivir con más plenitud y satisfacción. De ahí que en La Sangre que colma el vaso no siempre se van hablar de cosas bonitas, de historias de éxito, sino que será también un lugar para lo incómodo de la vida ya que, como decía anteriormente, he podido corroborar personalmente y desde mi profesión de psicoterapeuta que nos puede ayudar a vivir un poco mejor. En mi opinión, la aceptación no es un lugar al que se llega un día y ya está sino que es una actividad que si uno desea se puede practicar diariamente como quien sale a correr o va al gimnasio. Es importante definir qué entendemos por aceptación pero eso lo dejaré para más adelante. De momento te invito a entrar en este blog con el deseo de que encuentres algo útil para tu experiencia de convivir con una enfermedad crónica.

 

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6 comentarios sobre “La sangre que colma el vaso

  1. Hola Jeffrey! Mucha suerte con este bonito proyecto,seguro que tienes mucho que contarnos y de enseñarnos con tu experiencia. ¡Aquí tienes una seguidora! ¡Un abrazo!

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